El SEO ha muerto. ¡Larga vida al SEO!

Optimización para motores de búsqueda

Los años 1997 y 1998 dieron la bienvenida al posicionamiento web. Los primeros buscadores ya estaban aquí y los geeks pioneros del marketing online se esforzaban por conquistar el privilegiado escaparate que representaba la primera página de los resultados que Yahoo y Google ofrecían. ¿Cómo conseguir que una web llegase a ser la nº 1? ¿Cómo hacerla más visible para el inmenso nicho de clientes potenciales que era y es Internet?

Jugando al ensayo- error, se perfilaron teorías sobre la relevancia de las palabras clave y los metadatos. La fiebre del SEO on-page había llegado para quedarse. A ella debemos textos ultra-optimizados, antinaturales y de difícil digestión para el usuario, aunque extremadamente relevantes a ojos de los buscadores en función de la densidad y la preeminencia de la selección de palabras clave.

Todo el mundo quería complacer a Yahoo y Google, pues no en vano de ello dependía el éxito de su estrategia online. Y como si de un juego de policías y ladrones se tratase, los geeks se lanzaron en una carrera contrarreloj por predecir y desbaratar los siguientes pasos de los gigantes de Internet.  El auge de los dominios .com, el nacimiento de los directorios y la proliferación de granjas de enlaces fueron caldo de cultivo de experimentos cuyo objetivo era tensar la cuerda del ya todopoderoso Google. Junto al siempre presente SEO on-page, siguieron creciendo las técnicas de link building. El intercambio y la compra-venta de enlaces provenientes de páginas con un page rank  elevado estaban a la orden del día.

Pero hete aquí que en 2004 la rueda gira de nuevo y el comandante Google mandó a parar. El algoritmo Florida penalizó el llamado link stuffing y la excesiva optimización de los anchor texts. Los blogs se estrenaron como una opción alternativa a la hora de hacerse con enlaces nuevos y contar con otras fuentes de contenido que posicionar.

Y en esas estábamos cuando en 2010 se comprobó que las redes sociales –termómetro de la confianza y la valoración por parte de los consumidores- habían pasado a ser un factor más en los algoritmos de los buscadores.

La actualización de Panda en 2011 y la de Penguin en 2012 fueron una llamada de atención a aquell@s que todavía seguían en el lado oscuro del SEO. Nada de contenido de baja calidad infestado de links poco relevantes. Google dixit.  Hummingbird, la actualización que no fue tal sino un cambio estructural del algoritmo, vino a rematar la faena. La búsqueda pasaba a ser semántica, interpretando las necesidades del usuario o, lo que es lo mismo, esforzándose por ponerse en nuestra piel.

Así fue como Google y Bing (antiguo Yahoo) se hicieron casi humanos. Hoy quieren que los contenidos que muestran sus resultados de búsqueda hablen nuestro mismo lenguaje. Con ello han cambiado también la forma de entender el comercio online. La agresividad resultadista ha quedado atrás. El marketing de contenidos es el nuevo rey del castillo. Pero no nos equivoquemos: que el SEO haya evolucionado –sobre todo en los últimos años- no significa que tienda a desaparecer. Como la energía, puede que nunca se destruya. Simplemente, se transformará y volverá a la carga a través de los cada vez más importantes factores off-site.

Foto: wehearit.com

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